Los fósiles del dientes de sable cambian la historia


19/08/2019- Leído 267 veces


Hasta hace unos 10 000 años, el tigre dientes de sable Smilodon fatalis era un depredador temible en el actual oeste de Estados Unidos. Se han extraído más de 3000 felinos fosilizados del acre alquitrán de los pozos de La Brea, en California, y los investigadores que los estudian se habían imaginado al Smilodon como un cazador similar a un león, que perseguía bisontes y caballos en los pastizales abiertos.

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Pero ahora, los análisis de cientos de dientes de La Brea pintan una perspectiva muy diferente de este terror prehistórico, que podía alcanzar un peso de 272 kilos y tenía caninos de hasta 18 centímetros.


«En realidad, las emblemáticas imágenes de tigres dientes de sable derribando bisontes no se sostienen», afirma Larisa DeSantis, líder del estudio y paleontóloga de la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee. La investigación, publicada en la revista Current Biology, aporta pruebas de que el Smilodon podría haber habitado el bosque y se habría alimentado principalmente de criaturas herbívoras.


«Es más probable que cazaran animales como tapires y ciervos, no caballos ni bisontes», afirma DeSantis.


El exhaustivo estudio de su equipo también explicaría por qué los depredadores más pequeños como los coyotes y los lobos han logrado sobrevivir hasta la actualidad, mientras que los carnívoros más grandes como los tigres dientes de sable, los lobos gigantes y los leones americanos se extinguieron entre hace 10 000 y 12 000 años.


Su equipo sugiere que la clave se encuentra en la flexibilidad dietética que adoptaron tras la desaparición de muchos de los grandes herbívoros prehistóricos de Norteamérica, como los perezosos terrestres gigantes, los mamuts, los mastodontes y los camellos. Por ejemplo, estudios anteriores han determinado que los coyotes menguaron un 20 por ciento tras la extinción de los herbívoros y el nuevo análisis de sus dientes demuestra que también ajustaron su estilo de vida para adaptarse a una nueva realidad.


«Cuando se extinguen grandes depredadores y presas, no solo mengua su tamaño, sino que cambian su dieta básica y empiezan a buscar carroña para convertirse en los oportunistas que conocemos hoy en día», afirma DeSantis.


El análisis del esmalte

Los científicos estudiaron más de 700 dientes fosilizados extraídos de La Brea que pertenecieron a diversos herbívoros, tigres dientes de sable, leones americanos, lobos gigantes, pumas, coyotes y lobos. El equipo analizó los patrones de desgaste microscópicos que indican los tipos de alimentos que masticaban las criaturas, así como las proporciones de dos isótopos de carbono en el interior del esmalte dental.


Estas dos variantes del átomo de carbono se acumulan en las plantas a ritmos diferentes dentro de los entornos forestados y abiertos. Los herbívoros que consumen estas plantas transportan una pista química de sus hábitats preferidos dentro del cuerpo, algo que se traspasa a los carnívoros que se alimentan de ellos. Esto significa que los restos de los carnívoros pueden revelar si consumían presas que vivían en hábitats forestados o abiertos.


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